En el laberinto del Estrecho

September 9, 2009

La valla fronteriza de Ceuta cercana al mar. Sept 2009. Fotografía: Sergi Cámara / Piravan (c)

Habíamos pasado la noche en Beliones observando lo complicado que le resulta a los inmigrantes cruzar la frontera española. Contamos las luces de las patrulleras marroquíes haciendo gala de su férrea vigilancia mientras un foco apuntaba de vez en cuando a la montaña. Y así toda la madrugada. Ya de vuelta en el coche, un policía se nos atravesó en la carretera, llevaba como trofeo a un “moreno” que había detenido por el monte. Fue un flash, un segundo, pero el resplandor de los faros los sacó de la oscuridad. El negro volvió la cara y su gesto reflejaba el terror en su estado más puro. Desde entonces no consigo borrar su cara. No sé su nombre ni el del resto de víctimas de la limpieza que cada noche hace la gendarmería marroquí en el monte en busca de aquellos que se atreven a intentar cruzar el centenar de metros que les separa de Europa. Después los abandonan en la frontera de Marruecos y Argelia no sin antes dejarle claro con palizas y golpes que no son bienvenidos. Ni allí, ni aquí. Marruecos se emplea a fondo en el trabajito que le encargan sus amigos europeos, los que se felicitan por los descensos de las estadísticas. Bajan las cifras pero no los motivos por los que África huye, y mientras sea así seguirán intentándolo.

Sus historias en los tres capítulos del reportaje “En el laberinto del Estrecho” que hemos publicado en P+DH.

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